Remates de las subastas celebradas el 15 y 16 de diciembre de 2010: Aureo & Calicó y José A. Herrero.
Antes de que acabe el año vamos a cerrar el apartado de subastas comentando los resultados de las dos últimas sesiones celebradas en España, sobre las cuales ya hablamos en el blog poco antes de que tuvieran lugar. Dado que no eran subastas de primer nivel y que cada vez tengo menos tiempo (además de otros problemas que me han surgido en los últimos días), voy a juntar el comentario de los resultados en una misma entrada. Sin más preámbulos, vamos ya a ello:
Subasta de Aureo & Calicó (15/12/2010)
Aureo cerraba el año con una subasta sin grandes lotes pero con piezas interesantes en lo que se refiere a monedas españolas. Más de tres cuartas partes de las piezas que salían a la venta fueron adjudicadas, algunas de ellas con muy buenos remates, entre ellas las que partían con precios de salida más elevado. Las piezas de oro tuvieron muy buena acogida, como suele ser habitual, ya desde el principio de la sesión, con los 5.300 euros que se pagaron por el Octodracma de Arsinoe II. Además de esta pieza griega, apenas destacan otros lotes entre los remates de la Antigüedad, acaso algún Sólido bizantino, como el acuñado a nombre de Philippicus Bardanes en Siracusa (principios del siglo VIII d.C.), que subió hasta los 1.900 euros desde una salida de 350 euros.
De la Edad Media tampoco había muchas piezas que destacar, aunque siempre existe alguna rareza que llama la atención de los más aficionados, como el Óbolo segoviano de Alfonso VII, que a pesar de presentarse en conservación MBC- subió desde los 300 euros hasta los 1.800 por los que fue rematado. Así llegamos a la Monarquía Española, en la que las principales piezas de oro, Onzas en su mayoría, respondieron a las expectativas marcadas por sus precios de salida. Así, la rarísima Onza de Felipe IV acuñado en Madrid con fecha (16)58/7 se remató por 6.300 euros; la rara Onza madrileña de 1729 subió hasta los 8.400 euros; la perfecta Onza de Santiago de 1751 subió tímidamente hasta un remate de 4.500 euros; y otra Onza, en esta ocasión acuñada a nombre de Fernando VII en Guadalajara en el año 1821, en conservación EBC, llegó también hasta los 8.400 euros.
El resto de piezas, más comunes, también resultaron atractivas para los coleccionistas, ya que en su mayoría lograron venderse. Las piezas de plata eran más corrientes, pese a lo cual también tuvieron su momento. La más interesante de todas ellas, ya en el período del Centenario, era el Duro de 1869, finalmente rematado en 6.500 euros.
En este brevísimo resumen de la subasta hemos concentrado los lotes más lustrosos, pero para conocer el resto de remates, sobre todo los de las piezas que nos puedan interesar, tenemos que acudir al listado completo de remates, disponible como siempre en la página web de Aureo & Calicó.
Subasta de José A. Herrero (16/12/2010)
Un día después tenía lugar en Madrid la última subasta en sala del año. De la breve selección de apenas 500 piezas se llegaron a rematar en torno al 80 por ciento de los lotes, todo un éxito. Hablábamos en el avance de las buenas piezas de plata, aunque al final no todas tuvieron la misma suerte. Si vamos por partes, debemos empezar hablando de los resultados de las piezas de la Antigüedad, destacando especialmente los 3.250 euros pagados por el Dupondio de Caesaraugusta. Otras piezas de Hispania Antigua tuvieron también buena acogida, con remates bastante por encima de los precios de salida, mientras que no ocurría lo mismo con algunas de las piezas más destacadas de Roma, como el Denario de Galba o el Sestercio de Nerón Claudio Druso.
Las piezas visigodas, por el contrario, casi nunca fallan. En esta ocasión pudimos ver el remate del Triente de Sisenando acuñado en Castelona, finalmente vendido en 4.250 euros. Si avanzamos en el tiempo, hay que decir que no hubo pujas por monedas destacadas como el Doble Patagón de Felipe IV o el precioso 8 Reales de Potosí de Carlos III. Otras tuvieron más suerte, como los 4 Reales de Segovia tipo “María” de 1687 o el Duro sevillano de Felipe V, aunque ambos se vendieron por su precio de salida. Alguna puja sí que recibieron, por el contrario, otras piezas como los 4 Escudos de Fernando VI acuñados en Nuevo Reino en 1757, finalmente rematados por 3.400 euros.
Seguimos avanzando entre resultados algo irregulares, de nuevo mejores para las piezas de oro (a pesar de que a priori no eran las más destacadas), para llegar al Centenario de la Peseta y los 50 Céntimos de 1870, cuya casi perfecta conservación hicieron que mereciera la pena pujar hasta los 3.000 euros para hacerse con ella.
Y así termino también con esta breve reseña, recordando que en la página web de José A. Herrero están accesibles tanto el listado de remates como el de lotes disponibles (como suele ser habitual en todas las casas, nunca es tarde para comprar). Poco me queda ya por decir, dado que tampoco eran subastas que dieran para mucho más, acaso destacar la facilidad para colocar monedas de oro en comparación con las demás, quizá porque sus precios son más atractivos teniendo en cuenta el valor del metal (algún día dedicaré una entrada a este tema). En los próximos días (el jueves en teoría, aunque no prometo nada) cierro el año con el avance de subastas internacionales, que ya está a la vuelta de la esquina Nueva York (si el clima lo permite). Hasta entonces, un saludo.
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